| La integración golea a la marginación |
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Los jugadores llevan a sus familias, la mejor hinchada, “hooligans” por amor. El mejor terreno, la arena de la playa de Cádiz. El seleccionador, Jorge Morillo perfila un proyecto pionero, la publicidad se hace sola, y Cajasol pone el dinero y la confianza con su Obra Social; sus voluntarios velarán por el orden. El autobús tuneado Cajasol lleva al equipo, la peña de aficionados y el “míster”, eficaz utillero del material deportivo-gastronómico-playero recoge al personal en el barrio alto de San Juan. La moneda del “si quieres puedes” dice cara. El balón está en el aire. Un imprevisto: faltan los capitanes del equipo (los patriarcas-fundadores son baja, el luto les impide asistir al partido). El seleccionador cubre las vacantes, y exige algunos cambios. Es necesaria la concentración. Se juegan mucho, la credibilidad de años de entrenamiento con Jorge Morillo, corriendo tras el balón y aprendiendo valores, por eso hoy van de favoritos para llegar a ser buenas personas. Tras el recuento, presentación de la alineación, árbitros y jueces de línea aprueban el estado del campo. El autobús les ha unido, hay vida más allá de San Juan de Aznalfarache. El comentarista presenta a Francisco, 10 años, delantero, que muere por las matemáticas, y que coge en brazos a uno de sus 38 sobrinos. Siempre tendrá de su parte a la afición. Comienza el calentamiento físico de los jugadores, y espiritual de todos los viajeros. Equipación de Cajasol, camiseta y gorra de la Obra Social, incluso para los colaos, y ponen en el monitor el vídeo protagonizado por ellos, -Educar en la calle-, “mira, ahí salimos nosotros”. Y comienza un sorteo con papelitos personalizados, una tómbola que no margina a nadie. Para nosotros un estuche de pinturas, pero nuestro premio es estar allí. Comienza el partido en la carretera, y a la media hora urge el café y pasar por los servicios. Primera falta de un jugador, (desaparecen unas gafas y una cinta de vídeo del quiosco del bar). Se pita penalti, por poca deportividad, pero la sangre no llega al río de la portería. No solo abuchea el árbitro Jorge, también toda la afición, hasta que aparece lo sustraído. Son tristes cosas de niños. Pero surge la incomprensión del público, tarjeta amarilla y roja a la sociedad, porque hay que saber olvidar una vez resuelto el conflicto, y el que esté libre de culpa.... El crono se pone en marcha nuevamente ante la actitud positiva de la grada, y el bus vuelve a la carretera y los cánticos también. El mister lee el cuento de los tres árboles que sueñan, este hombre no para, tiene para todo, y todos aplauden su lectura. La FIFA no sabe lo que vale este seleccionador, y el Colegio de Árbitros menos. Se para el autobús en Cádiz, solo la ciudad sale al encuentro, ¿dónde está la tumba de Camarón? -preguntan los chavales-. Los policías locales nos conducen al Ayuntamiento, los jugadores merecen esta recepción y mucho más. Uno de los canteranos va descalzo. En la Sala de Plenos, un chaval toma el micro y da la bienvenida, éste va para capitán. La Alcaldesa de Cádiz está fuera, la Teniente de Alcalde demuestra sus tablas, reparte chuches y explica qué es una alcaldía. Pero la pasta la pone Cajasol. Jugadores e hinchas recorren la ciudad en autobús descubierto, en olor de multitud en bañador. Ahí está: un estadio de fútbol-playa. Silbidos a las bellas jugadoras sobre la arena, remuneración visual en especie que se llama. ¡A por ellas, oé!.... Llegamos a la entrada de la playa, al suelo las cajas de las entrañas del autobús, y mister Jorge las reparte sabiamente entre los responsables de cada familia. Los viandantes creen que regalan publicidad de Cajasol y también se ponen a la cola. “No, es una excursión privada”. Se recogen los papeles y los plásticos, esto sí que es educación para la ciudadanía. Kioto nos vigila. Pailas de madera sirven de alfombra roja para llegar al mar, a pie o a carrito que se atasca en la arena. Ruido de chanclas ligeras e inocentes. Los más jóvenes delanteros se colocan en la portería de las olas, buscando jugadas rápidas. El resto, calentando, pinchando sombrillas anti-levante. La marea está hoy baja y sensata, la orilla larga y rizada los va recibiendo uno a uno. Chapuzones a lo bestia, éstos saben nadar, en San Juan hay piscina municipal. Solo el “Camarón”, de nueve años, que va cojeando de ambas piernas, llega el último. Su madre confía en que una operación le mejore. Nadie cuida de los niños pequeños, y el equipo ataca con toda su artillería infantil. El banquillo, en relax bajo las sombrillas de Cajasol. Bocata de tortilla del Banco de Alimentos. Mirando al mar soñarán no sé qué. Las jóvenes mujeres gitanas envidian los tipazos de las bañistas maduras, y quisieran parar su reproducción no asistida. La brisa riza y descansa el ánimo, un matrimonio muy menor de edad se mira sobre la toalla infantil de Cajasol. Los viajes de la selección dan para mucho. El despeje, una cerveza de contrabando en el chiringuito del campo con los periodistas, seres humanos que sienten el esfuerzo del mister y el empuje de los jugadores. La barra y el cartel de los helados escucha sus crónicas; Paula ha sido repartidora de pizzas antes que fraile de la comunicación. Historias de oro en la peña: la abuela dice que cualquier tiempo pasado fue peor, y hoy tiene lavadora. Rosa, espera abandonada por su marido su sexto hijo y quiere una niña. Hoy el agua bajó la temperatura de sus problemas. Brillan al sol el oro de sus anillos y sus piercings. El vestuario está tranquilo.Hoy no ha habido barreras sociales ante la portería. Pero la jornada ha sido un golazo a la sociedad, y el remate ha sido de Cajasol, que ha apostado sabiamente por el ganador: la integración de las personas. Relatos evangélicos que saben a cielo en la vida de Jorge Morillo y Cristo en su cartera con camiseta del Betis. Hay que volver, se ha jugado duramente. Hay que avisar al conductor del bus y Jorge no tiene saldo en el móvil, llamamos desde el nuestro. Todos a subir, cansados pero contentos. Palmas por tangos y bulerías de los mayores; los pequeños están rendidos, van cayendo sobre los asientos. Increíblemente no falta ninguno. Eva, periodista y guapa, sabe ganárselos, y los conjura, todos dicen a la vez: ¡Gracias Jorge!, y Jorge dirá ¡Gracias Cajasol! Dejamos al equipo y la afición en casa, solo quedamos los “técnicos”, y apuramos el último bocadillo y el zumo. También quedan patatas fritas. ¡Qué mala es el hambre!. Volvemos a casa satisfechos por el encuentro. Luego cada uno a lo suyo, como la canción de Serrat, pero ya nada será igual que antes, este campeonato debe continuar, porque es la liga de las estrellas, sin agua y sin luz, pero con el alma en el balón. Se acabó el fuera de juego, aquí solo hace falta voluntad para hacer plantilla, y un mister espiritual que los revolucione a todos, y le dé una colleja a la sociedad, que está cada día más tonta. Últimos besos de despedida con el virus del fútbol vital contagiado. Esto sí es Obra Social. Intercambio de camisetas con las firmas de las figuras, hoy estuvimos aquí, pasamos por aquí, compartimos el mar, los asientos y los bocatas. Fin de fiesta con muchos ojos negros que no paran de brillar. Suerte y ánimo a la futura mamá. Despertamos a Ana, de 7 años que se ha quedado dormida sobre nuestras rodillas. Pedazo de liga de campeones en San Juan, El Vacie, Torreblanca y Los Bermejales. Más de veinte años de humanidad pura y dura, sin aditivos, y para no olvidar, la imagen mágica de cuatro gitanillos sentados en la orilla viendo venir confiados las olas del futuro. No es el fin, es el principio de las ideologías honradas, mire usté. ALINEACIONES: Equipo de Integración: Seleccionador, entrenador, preparador físico, educador, utillero y un largo etcétera: Jorge Morillo Jugadores: Cantera de jóvenes de ambos sexos que se educan en la calle, con el fútbol como nexo de unión, y que aspiran a una vida mejor.Afición: Familiares, amigos, vecinos y personas que creen en las posibilidades de los jugadores Patrocinador de la jornada de convivencia: Obra Social Cajasol Equipo de Marginación: Seleccionador: El entorno formado por unas insuficientes condiciones económicas y culturales.Jugadores: delincuentes, vendedores de droga, etc.Afición: Personas con prejuicios y sociedad que permanece indiferente. Noticia El Correo de Andalucía
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